Relatos Encadenados I

¡Hoy, estrenamos el Blog de ASTHEHA con mucha ilusión!

Como primer post, nos gustaría compartir con todos vosotros una de las actividades que realizamos desde Círculo de Amigos, nuestros relatos encadenados.

Gracias a la enorme colaboración de nuestro psicólogo Javier y a la gran implicación de algunos de nuestros socios, a finales del pasado año, se comenzó a realizar esta divertida actividad que se ha seguido llevando a cabo a lo largo de este tiempo, incluso hemos tenido algún que otro concurso literario que también os mostraremos más adelante. 

Nuestros relatos encadenados consisten en escribir un párrafo o parte de un párrafo hasta una palabra o frase señalada en color verde, a continuación, seguirá escribiendo otra persona y así hasta que se de por finalizado. Por tanto nuestro relato encadenado estará formado por un montón de ideas y aportaciones diferentes, en función de la imaginación de cada participante. ¿A que es divertido?

Hoy, queremos comenzar compartiendo con todos vosotros, el primero de estos relatos. ¿Preparados? ¿Listos? ¡Allá va! 

1er MARATÓN DE RELATOS CORTOS ENCADENADOS


Tras un radiante amanecer y una corta caminata, acabé en una terraza, saboreando un café y un croissant. Entonces llamó mi atención, el sonido de sus pasos sobre la acera y aquella sonrisa fresca que me dejó al pasar una sensación de inocencia que me recordó mis tiempos de juventud en la que todo era nuevo para mi.

Me parecía mentira que todo estuviese en su sitio, pero claro, había personas que esto no lo entendían, pero les expliqué los recuerdos de mi niñez. Recordé primero aquellos inviernos cuando iba al colegio, donde trabajaba mi abuelo, de bedel, en las vacaciones de Navidad. Se ocupaba de tener la calefacción puesta, que las luces se apagaran, las tuberías no se congelasen y hacía reparaciones. Eso me llevó a recordar cuando mi madre me llevaba a la guardería en trineo y me envolvía en ropa para que no pasase frío, de tal manera que no me podía mover, parecía un bulto o paquete encima del trineo. Así que un día me perdió, caí del trineo, con la cara en la nieve, seguramente estaba dormida, era muy por la mañana y en invierno, porque no lloré, y mi madre no se enteró hasta que una señora le gritó: ¡señora! "ha perdido al niño"... Esta historia ha formado parte de las anécdotas familiares.

Recordando estas anécdotas familiares, me entró nostalgia al recordar mi infancia, porque cuando éramos niños y no teníamos preocupaciones, nos sentíamos felices con cualquier cosa y pasábamos todo el tiempo jugando en la calle y en la plazoleta, donde con ayuda de mi padre, aprendí a andar en bici. Era emocionante sentir como sujetaba mi sillín mientras pedaleaba, lo malo era cuando me soltaba y me daba cuenta de ello, tardaba muy poco en irme al suelo, pero me levantaba y comenzábamos de nuevo otra aventura como si fuésemos vaqueros e intentásemos buscar indios por todas las esquinas de la casa, y si hacía mejor tiempo, también por la iglesia,  por el ayuntamiento y por donde la fuente. Siempre me decía: "nunca vayas al cementerio a jugar", pero aquel día fui al cementerio con la pandilla, estuvimos toda la tarde, estaba precioso, con velas y flores por todos lados, una mezcla de olores dulzones inundaba en el ambiente, hasta que vimos una luz verdosa, pálida, transparente, flotando entre dos fosas, salimos corriendo y decidimos que ese sería nuestro secreto. Pero cual sería nuestra sorpresa cuando al día siguiente, cuando nos juntamos en la plaza del pueblo, la gente comentaba que habían sucedido cosas en el cementerio misteriosas. Se oía como si alguien se quejaba, lloraba, reía, parecía que alguien anduviese entre las tumbas. Pero, a pesar del miedo, el cementerio nos atraía como un imán, con sus tumbas y mausoleos antiquísimos.

Entre aquellas tumbas y mausoleos antiquísimos andaba un esqueleto, saltando los charcos con botas de agua, era de gran tamaño, pero parecía un niño inquieto.  En uno de sus saltos cayó y se desmoronó. Corrí hacia él con el ánimo de ayudarlo pero con el miedo metido en el cuerpo. Cuando llegué hacia donde él estaba desperté. Era un bonito pero terrorífico sueño. ¡Oh sorpresa!, no era un sueño era un precioso gatito que adoptamos todo el grupo pero tenía que ser un secreto para que no se enterasen nuestras madres.

Nuestras madres se enfadaría por adoptar un gatito. Dirían que sería un foco de enfermedades.  Así que había que decidir un plan para cuidarlo en secreto y sobre todo le teníamos que poner un nombre.

Mientras decidíamos el nombre, yo lo llevé para mi casa para refugiarlo y darle de comer, puesto que yo creía que tenía un lugar seguro al tener un patio. Pero he aquí que tuvo que entrar mi madre a tender la ropa y los gritos que dio se oyeron desde las estrellas, también me cayeron coscorrones porque no era la primera vez que me pillaba con un gatito callejero escondido en la mesilla. Por culpa de los traicioneros maullidos de dentro de la mesilla de noche, siempre me acababa pillando.

Pues mi madre también me pilló cuando llevé un perro que tenía una semana, lo recogió un amigo de la pandilla, de los que tiraron al río, él rescató uno. Decidimos cuidarlo una semana cada uno, me tocó la primera, lo escondí detrás del sofá pero despertó de noche y mi madre me despertó a mi. La que me lio, pero no lo tiró y logré tenerlo una semana. Una semana maravillosa con mi perro al que llamé Zalacaín, pero ahora tocaba poner nombre al gatito. Me reuní con mis amigos y les  dije que me gustaría llamarlo Curuxín. Pero les pregunté cómo lo querían llamar, a uno se le ocurrió Jalogüín, por haberlo encontrado el día de Halloween. Nos pareció buena idea, además tenía unos colores anaranjados y rodeando sus ojos se dibujaba una especie de triangulo negro, todo ello, recordándonos a una calabaza.

Así se puso, gordito como una calabaza cuando lo llevé a casa, y se comió un pollo que mi madre había comprado y estaba en la fresquera, en mi casa ya no entró pues mi madre se lo prohibió, entonces se marchó junto con Zalacaín y se fueron al bosque y yo detrás de ellos. Qué paisaje se abrió ante mis hijos, eran unos árboles con unas copas altísimas. Disfrutamos corriendo y además yo había cogido al marchar de casa mi flauta.

Con mi flauta haciéndola sonar me senté debajo de un frondoso árbol , y después de tocar me quedé en silencio recreándome de los sonidos del bosque, y sin darme cuenta me quedé dormido y para cuando desperté el ocaso estaba dibujando el bosque, con las nubes, las sombras y el naranja del sol al ponerse. Entonces oí un crujido, y, a continuación un aullido ensordecedor, que me hizo girar la cabeza, no daba crédito a lo que estaban viendo mis ojos, un TRASGU, con su blusón y gorro rojo!!!. Como en las fotos que aparecían en los libros. Esos en los que siempre he encontrado la vena de la inspiración, de la ilusión, de la fantasía. Me servían de antídoto de las frustraciones, de los malos humores, me abrían horizontes desconocidos, me hacían soñar despierta

¿Soñar despierta?, No!, no era un sueño, delante de mí estaba un TRASGU, con su blusón rojo carmesí, sus ojos, no me dejaba ver sus ojos, me rehuía la mirada, Zalacaín le quería arrancar la capa con sus pequeños pero afilados dientes, su capa comenzaba a estar hecha jirones

Hecha gironés y sobresaltada me incorporé, ¿había sido un mal sueño?,¡quizás!. Aún tenía el corazón en un puño, cuando la puerta se abrió rechinando ligeramente, y una figura menuda apareció en el umbral. Mis ojos se abrieron aún más mientras me aferraba a la almohada, hasta que escuché, ¿mamá me llevas al colegio? Respiré aliviada, solté una carcajada y respondí: sí hijo sí, ¡a mamá se le han pegado las sabanas!.

Solté una carcajada tan grande, llena de alivio y alegría, todo había sido un sueño. Y pensé que la vida era solo un sueño


¿Qué os ha parecido nuestro primer relato encadenado? ¿Verdad que tienen imaginación en nuestro círculo de amigos? ¿A qué esperas para unirte?

¡Confiamos en que os haya gustado, que os animéis a uniros al círculo de amigos y así participar en nuestro próximo relato o en algunas de las muchas actividades que realizamos!

¿Sobre qué tema te gustaría que tratase nuestro próximo artículo? 

¡Nos leemos muy pronto!

1 comentario

  • Hace 8 horas

    Luis

    Una iniciativa muy interesante, que permite la colaboración de los socios para crear un texto común, en el que pueden entrar temas muy variados.

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